Constelaciones Familiares
- Carmen Pérez

- 1 may
- 3 min de lectura
“Amor significa reconocer que ante algo más grande todos son iguales a mí. Humildad significa lo mismo, perdonar y olvidar también: reconocer que ante algo más grande todos son iguales a mí.” — Bert Hellinger
En Constelaciones Familiares, o configuraciones sistémicas, trabajamos con lo que Bert Hellinger llamó los Órdenes del Amor. Él decía que su mérito no fue crearlos, sino nombrarlos, porque siempre han estado presentes y conocemos su existencia por sus efectos. Estos órdenes abarcan la pertenencia, el equilibrio entre el dar y el tomar y el respeto al orden dentro de un sistema, ya sea familiar, laboral, social o de pareja.
Hablando específicamente de Constelaciones Familiares, lo que hacemos es darle una mirada al sistema: al sistema actual, al de origen o a ambos. Miramos aquello que, muchas veces de manera invisible, sigue actuando en la vida de una persona a través de conflictos, bloqueos, síntomas, dificultades relacionales, económicas, emocionales o de salud.
Para constelar partimos de lo que trae el consultante: un conflicto, un dolor o un asunto que esté presente en su vida y que, de alguna manera, no le permita avanzar o vivir con plenitud. A través de una mirada sistémica, el consultante puede ir reconociendo aquello que es, aceptándolo, agradeciéndolo y honrándolo.
Al mirar a los ancestros y a las dinámicas del sistema, se revela aquello que mantenía a la persona implicada de forma inconsciente. Se desenreda lo que estaba enredado, se ordena lo que estaba fuera de lugar y se abre un camino más claro hacia la propia vida.
El trabajo de Constelaciones Familiares no busca culpables. Busca comprensión, reconocimiento y responsabilidad. Busca que la persona pueda hacerse cargo de su propia parte, reconocer el precio que ha pagado por pertenecer, asumir su responsabilidad y recuperar su capacidad de elegir libremente.
En una constelación aparece, muchas veces, algo profundamente simple: que el amor estuvo presente, aunque no siempre haya sabido expresarse de una forma sana. Y cuando ese amor se ordena, vuelve a fluir.
Son muchos y muy diversos los temas que pueden trabajarse. Sin embargo, una y otra vez encontramos dinámicas como:
• Lealtades invisibles, generalmente relacionadas con ancestros excluidos, olvidados o rechazados por el sistema, vulnerando el derecho básico de pertenencia.
• Historias de injusticia, abuso, violencia, pérdidas o exclusiones que no fueron reconocidas y que llevan a que hijos, nietos o bisnietos “paguen” inconscientemente por quienes vinieron antes.
• Movimientos interrumpidos hacia mamá o papá, que dejan asuntos pendientes con el amor, la confianza, la fuerza, el merecimiento o la capacidad de vincularse.
• Desórdenes en el sistema, cuando alguien ocupa un lugar que no le corresponde: hijos que cargan con asuntos de los padres, parejas que se comportan como hijos, o personas que toman responsabilidades que no les pertenecen.
• Dificultades con la pareja, con el lugar del hombre y de la mujer, con la sexualidad, con el compromiso o con la posibilidad de construir juntos.
• Conflictos entre víctimas y victimarios, donde ambos quedan unidos por un destino común y necesitan ser mirados y reconocidos para que pueda haber una reconciliación profunda.
• Duelos no resueltos, pérdidas, abortos, separaciones, migraciones, secretos familiares o miembros que fueron silenciados y cuya historia sigue teniendo un efecto en las generaciones posteriores.
El trabajo con Constelaciones Familiares invita a mirar, reconocer, agradecer y honrar. Y desde ahí, integrar en uno mismo más amor, más reconciliación y más paz.
No se trata de cambiar el pasado, sino de encontrar una nueva manera de relacionarnos con él para que deje de limitar nuestra vida presente.
En relación con la enfermedad, Bert Hellinger introdujo una mirada profunda y, a veces, confrontativa. Hablaba de “el cielo que enferma y la tierra que cura”, señalando que muchas enfermedades pueden estar vinculadas a movimientos del alma que buscan incluir, compensar o reconciliar algo en el sistema familiar.
Desde esta perspectiva, algunos síntomas o enfermedades pueden expresar:
• Vínculos profundos con miembros excluidos o destinos difíciles dentro del sistema. •Intentos inconscientes de seguir o acompañar a alguien que sufrió, enfermó o murió.
• Culpa o necesidad de expiar algo que ocurrió en generaciones anteriores. • Conflictos no resueltos entre el tomar la vida plenamente o rechazarla.
Hellinger observaba que, en muchos casos, detrás de la enfermedad hay un movimiento de amor profundo, aunque trágico, que dice: “yo por ti” o “te sigo”.
El trabajo en constelaciones no sustituye ningún tratamiento médico ni pretende “curar” enfermedades en un sentido clínico. Sin embargo, puede ayudar a que la persona encuentre una nueva relación con su síntoma o enfermedad: una relación más consciente, más digna y, en algunos casos, más ligera.
Al reconocer los vínculos ocultos, honrar los destinos difíciles y devolver lo que no nos corresponde, el consultante puede tomar su vida con mayor fuerza. Y desde ahí, abrirse a movimientos de salud, reconciliación y bienestar, en la medida en que sea posible para su historia y su cuerpo.




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